sábado, 16 de febrero de 2013

Mario Camino, en el centro de Málaga: un artista con ilusiones de diseño propio



Mario Teo ha transformado las calles de la ciudad de Málaga en el sitio idóneo donde revivir sueños infantiles a través de pequeños osos de tela, recuperando, con ternura, la importancia de las costumbres más sencillas.

En Málaga proliferan las buenas ideas. Fluyen a través de las calles como la bruma del mar en las madrugadas de invierno sobre los vetustos perfiles del centro histórico.
Algunas se crean como respuestas acertadas en una época en donde es más necesario aplicar la imaginación que las capacidades intelectuales. Pero otras, sencillamente, se materializan después de haberlas llevado en el corazón durante años, en una imperiosa necesidad por alcanzar un sueño.
Las calles de Málaga que serpentean a lo largo del centro histórico, exhiben su escaparate urbano como la herencia de una cultura ancestral, fusionando años de historia en la combinación de palacios del siglo XVIII e iglesias de estilo barroco con preciosas tiendas ornamentadas con el giro decorativo de una moda de actualidad y bares repletos de risas y amigos que se reúnen, cada día, para degustar un sinfín de exquisiteces malagueñas con el sello auténtico de sus costumbres más enraizadas.
Entre esas calles típicas de la ciudad, donde un balcón cubierto de geranios se abre a otro y los músicos callejeros acompañan tus paseos con instrumentos exigentes de atenciones, Mario Camino despliega su marea de osos de colores con el calor de una artesanía creada con el corazón, nacida de sus sueños infantiles.
El escaparate te invita a entrar y a compenetrarte en el lujo emocional de una artesanía diferente. Jorge León levanta la mirada del ordenador y sonríe, siempre, invitándote a sumergirte en su mundo de osos Teddy con la cercanía de una afable  timidez, como si te hubiese estado esperando.
Cientos de osos en telas estampadas observan desde sus estantes. Lucen lazos de colores, medallas, botones de varios tamaños, grandes cuellos en diferentes tejidos, y ostentan, con un orgullo mudo de muñeco, su nombre escrito en papel marrón.
-Mario les da la vida- nos comenta Jorge a Agustín y a mí, ante nuestra curiosidad- Y él mismo les pone nombre.
Mario Camino ha vivido siempre buscando la compañía de osos, desde su infancia, cuando su predilección por aquellos muñecos resultaba fácil, hasta el día de hoy, que ha encontrado la manera de crear su propio mundo de compañeros de vida, los Marioteos, unos compañeros de vida de brazos mullidos y ojos de botones que diseña y cose con el amor de una vocación nacida de sus fantasías infantiles y que hoy lo transportan a una realidad colmada de satisfacciones personales.
-Todos miran diferente- nos explica Mario- Muchas veces sus expresiones se las da el estado de ánimo que yo haya tenido el día en que los creé.
Y es verdad. Cada Marioteo tiene su mirada particular, cambia el color de sus ojos, cambian sus atuendos, impartiéndoles una personalidad exclusiva, convirtiéndolos en únicos e irrepetibles.
Muchos de los osos de la tienda de Mario y Jorge se confeccionan a pedido, de acuerdo a los deseos de clientes que le hacen llegar una prenda con un significado especial en sus vidas. Mario, entonces, convierte ese trozo de tela en un Marioteo que atesorará, para siempre, la esencia de algún recuerdo inolvidable.
-Yo abrí esta tienda porque es la tienda que me gustaría encontrar, caminando por la calle- me cuenta Mario tomándome del brazo para llamar mi atención, dispersa entre pantalones de cuadros escoceses, corbatas artesanales y moños (pajaritas) de estampados selectos-. Entonces al verla, entraría…- agrega sonriendo-¡Y me compraría un osito!
Mario Camino es una persona muy sensible, con un bagaje emocional adorable que plasma con delicadeza y ternura en su trabajo, incitándote a volver a las antiguas tradiciones, ésas en las que todos los problemas del día se disipaban al llegar a casa, en el abrazo de un osito de entrañable mirada muda, cuerpo rollizo y ojos de botones. Él ha sabido establecer una tentadora diferencia en una época en la que todo resulta más difícil, ofreciendo dulzura a través de pequeños osos de tela, con el corazón de tu recuerdo preferido.
Marioteos, de Mario Camino: sin lugar a dudas, una buena idea en las calles de Málaga.

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