lunes, 1 de febrero de 2016

Contradictorio (Acuarelas: Peter Siegrist)




El hecho de infundir ánimos a alguien con la promesa de una solución próxima para sus problemas es más, en la mayoría de los casos, una expresión de deseo que la certeza de que aquello que profesamos vaya a cumplirse y no nos damos cuenta de que, en lugar de una ayuda, estamos creando una nueva preocupación para su espíritu abatido: “¿Tendrá mi amigo razón?


Lo que nadie llega a decirte es, que te acompañará a llevar el enorme peso de esa pena, aunque además cargue con las suyas propias, e intentará implicarse en su solución; que solo si sigues impulsándote hacia arriba, y nunca antes, llegarás a respirar sobre la superficie, aunque, por cierto, vaya a costarte mucho trabajo, y que hay épocas en la vida en que deberías minimizar tus sueños porque, en realidad, cuanto más grandes son tus ilusiones, más grandes las decepciones, y el cuerpo no está siempre preparado para sobrellevarlas.

Lo que muy pocas personas comprenden del todo es que hay momentos, en los cuales, el consejo más alentador es, que resulta
más rápido y sencillo aprender a vivir con lo que te hace daño, que promover un cambio o encontrarle una solución y que, a veces, el pesimismo es un derecho, y absolutamente necesario, porque solo el hecho de conocer la realidad, en todo su macabro esplendor, generará la reacción necesaria para cambiarla.

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